Archivos Mensuales: marzo 2020

La empresa española ante el “coronavirus”

La empresa en España es pequeña, el 90% del tejido empresarial se compone de empresas de menos de 50 trabajadores. De esta, el turismo y lo relacionado supone el 12% del PIB y emplea a más de 2 millones de personas.

El crecimiento económico de nuestro país depende en gran medida de los bienes y servicios que tanto particulares, como empresas y entes públicos somos capaces de comprar debido a nuestro modelo productivo (esto representa el 58% PIB). La “crisis del coronavirus” ha provocado una parálisis de la oferta y la demanda. Esto se traduce en  cierre de bares, restaurantes, retails, hoteles, concesionarios de vehículos, etc.. junto a una falta de abastecimiento de las fábricas en sus materias primas, como hemos visto por ejemplo en las fábricas de automóviles, que no tenían piezas para ensamblar vehículos.

En cuanto al turismo, nuestro motor económico industrial más importante por suponer el 12% del PIB, empieza ahora su temporada fuerte con la incertidumbre de cuando se podrán abrir los hoteles y de la confianza de los clientes de todo el mundo en si acudir a nuestro país. Esto va a ser lo que marque el crecimiento de la economía española, que es muy sensible en cuanto a la creación y destrucción de empleo por necesitar el turismo de una gran intensidad de mano de obra además de establecer la profundidad de esta crisis, ya que si somos capaces de tener una buena temporada de verano, no tendremos unos datos terroríficos de desempleo, lo que provocará que el gasto de las personas en bienes y servicios se eleve amortiguando la más que posible recesión (técnicamente 2 trimestres de crecimiento de la economía en negativo).

El Estado va a absorber gran parte de los costes fijos de las empresas al soportar los costes salariales, pero estos representan entre un 35% y un 60% de los costes  de las empresas. Además a través de los bancos se va a inyectar liquidez para que puedan pagarse impuestos, alquileres, pólizas de créditos, costes de mantenimiento y el resto de costes operacionales. La empresa española venía de una contracción de su liquidez en 2019 por el aumento de los costes y llega a esta crisis con menos capacidad de pago de la deseable, porque si esta parálisis dura muchos meses, el problema de liquidez se va a convertir en un problema de solvencia (cuenta de resultados negativa) ya que no van a ser capaces las empresas de poder devolver el dinero prestado. Esto va a depender del tiempo de cierre y de la capacidad de cada empresa, así como de la actividad, porque los concesionarios de vehículos van a tardar más en arrancar y o se le hacen planes especiales o difícilmente van a sobrevivir muchos de ellos.

Nos vamos a endeudar en un 20% del PIB cuando España ya está endeudado en un 98%, esto significa que quien nos preste dinero nos va a exigir una mayor tasa de interés, porque la confianza se merma con el volumen, sin soluciones creativas a nivel europeo, este endeudamiento lo vamos a tener que pagar todos los españoles (más impuestos) con ajustes que, volviendo a lo dicho antes, afectará a nuestra capacidad de gastar y por lo tanto provocarán un aumento del desempleo ya por si difícilmente sostenible.

Esta crisis no afecta a todos por igual, porque las empresas de mayor tamaño y diversificadas, pueden utilizar la solvencia de otras lineas de negocio para amortiguar el problema, pero, al propietario de un restaurante, un pequeño hotel, un concesionario de vehículos local, una pequeña tienda de retail, una empresa de publicidad, una tienda de informática y en general aquellas cuya generación de valor no está en la transformación de la materia prima en un producto nuevo, va a necesitar algo más que liquidez. Va a necesitar supresión de impuestos, ayudas a fondo perdido, facilidades para ajustar sus costes salariales…un plan ambicioso que necesita de un liderazgo público de un calado extraordinario.

Es un escenario totalmente nuevo en el mundo capitalista por lo que proyectar lo que va a suceder se hace ciertamente complejo e inexacto, pero si vemos países como China o Korea que con mejor capacidad de hacer frente a esta crisis están incluso cerrando fronteras más de 2 meses después nos hacen ser pesimistas en cuanto a nuestro escenario.

Quiero agradecer a ESADE y a profesores como Pedro Aznar, Xavier Ferras y sus equipos la inspiración y ayuda para poder escribir este artículo.

#Estrategia #Crisis #PYME #Empresa #retail #Concesionarios #Coronavirus #Esade

El nuevo paradigma que viene

La crisis “del coronavirus”, que es como la conocemos en lenguaje coloquial, es sanitaria, social y económica. Voy a tratar de exponeros las consecuencias económicas a las que posiblemente tengamos que enfrentarnos en el corto plazo.

Cuando se publica un artículo se exponen datos que se analizan y en base a la experiencia se escriben opiniones que pueden ser científicas. Datos tenemos, pero no existe experiencia en nada similar en la historia ya que se ha producido un shock en la oferta y también en la demanda. Se ha paralizado “por fuerza mayor”  la actividad económica en España (y en otros países) en gran parte del sector servicios, lo que representa un PIB del 25% y aproximadamente 2M de empleos directos.

La incertidumbre es aún mayor que la de la última crisis de 2008, de hecho, la Universidad Politécnica de Valencia  ha creado un modelo matemático que predice que a mediados de abril España llegará al pico de la enfermedad. Si nos fijamos en China, han estado 7 semanas de confinamiento para empezar la actividad económica. Nadie sabe cuando podremos volver a producir.

España es un país con una deuda pública del 98% del PIB y está supeditado a la normativa europea en cuanto al gasto. El IBEX 35, mide la confianza que tienen los inversores en las empresas españolas y ahora mismo está en 6.200 puntos, es decir, ha perdido un 40% de su valor y sigue en caída a pesar del anuncio de las medidas económicas del gobierno. La productividad española está quebrada, ya que, los gastos superan a los ingresos independientemente de los 200.000 M€ que dice el Presidente que va a inyectar en la economía.

El paquete de medidas del gobierno consiste en un ERTE para las empresas cuya producción esté paralizada bonificando el pago de los seguros sociales y la incorporación de los trabajadores al desempleo. Además, hay una linea de avales de crédito para solventar el pago a proveedor. El principal problema de la empresa española es el circulante, que ya se venía mermando por el descenso del crecimiento económico que para este año se calculó en el 1,6% y para esto hay poca solución, ya que los costes de personal suponen hasta un 50% de la facturación, pero ¿Cómo se pagan las pólizas de crédito? ¿Cómo se pagan los prestamos que las empresas adquieren para financiar su crecimiento? ¿Cómo se pagan los costes operacionales? Esto último suele ser un 40% de la facturación. La realidad es que esto varía mucho, pero de lo que si tenemos datos es del 5% de beneficio de la pyme española. Si volvemos a pensar en que vamos a estar como China con un aislamiento de 7 semanas, el resultado se llama quiebra técnica y el instrumento jurídico es la suspensión de pagos.

Que hay que conceptualizar el mercado de trabajo, digitalizar con la IA los modelos de negocio, fomentar la automatización…todas esas recetas están bien, pero eso requiere de dinero y ni las empresas ni el estado tienen capacidad para hacerlo de la noche a la mañana. Los flujos de caja de las empresas que no tengan ahorros van a ser consumidos en un abrir y cerrar de ojos.

La economía se ha paralizado, por primera vez hay una crisis de demanda y esto no se arregla con las soluciones del pasado: aplazamientos, moratorias, prestamos y demás instrumentos archiconocidos. Hace falta una nueva visión que sea capaz de regenerarlo todo a nivel global y por supuesto es necesaria una reforma completa del sistema impositivo que es lo que realmente lastra el crecimiento empresarial.

Como formular una nueva legislación que gire 180º esta quiebra es realmente utópico, utilicemos un recurso que existe actualmente y que los expertos se pongan a trabajar. Supongamos: Una empresa con razonable salud que tiene una caída de ventas por razones de no culpabilidad de su administrador o administradores, va a un concurso de acreedores que termina con la exoneración del pasivo insatisfecho, o bien total por su desaparición o bien parcial porque sus acreedores  le condonan parte de la deuda. Los países miembros de la Comunidad Económica Europea pueden atender a esta circunstancia de quiebra por causa de fuerza mayor y obrar de un modo similar. Esto significa poner el contador a cero de todas las deudas para incluso la nación.

Esto puede ser tachado de injusto o incluso de una locura…pero la situación que viene nunca se ha vivido, no se conoce y por lo tanto requiere de medidas de un calado y magnitud desconocidas. Acordaros de la última inyección de liquidez (gasto) que un gobierno hizo para frenar una crisis, el Plan E.